9 nov. 2016

Argentina: Trump, libre comercio y pobreza



El triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses puede verse como una victoria de viejas ideas proteccionistas. De hecho, cuando era candidato, se mostró abiertamente en contra de los tratados de libre comercio. Esto sin mencionar sus desafortunadas declaraciones con tendencias racistas y misóginas.

Durante más de una década, nuestro país vivió virtualmente aislado del mundo y del comercio internacional. La falsa idea de que es posible “vivir con lo nuestro” mostró su fracaso al permitir industrias protegidas y consumidores desamparados. Con productores acostumbrados a poca competencia, agobiados por una fuerte presión impositiva y costos laborales disociados del concepto de productividad, los mayores costos se tradujeron en productos caros y pocas alternativas para el consumidor.

La pobreza, mayor al 30% de la población, tiene mucho que ver con esto, sin restarle ese triste mérito a las políticas clientelistas. Aún habiendo disfrutado de un boom de consumo que estaba adulterado artificialmente por subsidios a costa de reservas e impuestos altos.


¿Porqué no se financió ese consumo de otra manera? Bueno, precisamente porque estábamos aislados del mundo comercial y financiero. Y lo estuvimos justo en la época en que el dinero fue “barato”. Es decir, tasas de interés bajas y estables, además de una creciente integración comercial entre países. Esto produjo que países como China e India comiencen a sacar gente de la pobreza y a consumir más.

Al comienzo del gobierno de Macri, la visita de Obama fue clave en el sentido de apoyo a la apertura argentina. La Liberación del cepo, la eliminación o reducción de retenciones a las exportaciones y el sinceramiento del tipo de cambio tendían a esa apertura. También el anuncio de permitir importaciones.

¿Qué tiene que ver esto con la pobreza en Argentina? Todo. Para luchar con la pobreza podríamos darle directamente dinero a la gente para que cubra sus necesidades básicas sin pedirles nada a cambio. El problema es que no tenemos margen de maniobra con el alto déficit público actual. Dicho sea de paso, ese déficit (que no mermó ni tampoco lo hará en el 2017) está siendo financiado con deuda barata en… ¡los mercados internacionales de crédito! No olvidemos esto.

Otra posibilidad para erradicar la pobreza es generar trabajo (chocolate por la noticia). Y una manera genuina de hacerlo es aumentar la producción (más chocolate). Pero para aumentar la producción necesitamos… ¡mercado! (toneladas de chocolate). Así se entendió cuando, a principios de año los tucumanos comenzaron a venderle limones justamente a Estados Unidos; o los furgones Mercedes Benz que empezamos a exportar a ese país y a Canadá. Las posibilidades podrían ampliarse a la industria olivícola.

Entonces, la Argentina productora necesita acceso a los mercados. Esto, junto con algunas reformas necesarias (pero que exceden el tema de este artículo) son la vía legítima para generar trabajo.

¿Y los consumidores? Más apertura genera mayores opciones para elegir y por supuesto, más competencia en calidad, precio y financiación. Todas ventajas para los compradores. Y si no me creen, vean cómo los argentinos van a Chile a comprar barato.

¿Y Trump? Si hace realidad sus intenciones proteccionistas, internacionalmente podrían aumentar las tasas de interés y el dólar (¿recuerdan que nos habíamos endeudado?) y cerrar o limitar el comercio (¿recuerdan que habíamos empezado a venderles?). Había una fiesta y estaríamos llegando tarde.

Entonces ¿porqué quieren abandonar el libre mercado los votantes de Trump? La respuesta subyace en el perfil del votante que le dio la victoria: industriales blancos que ven amenazado su trabajo por un mundo cada vez más integrado y en el que la economía del conocimiento aporta más valor que lo manual. El precio de un teléfono celular o un jean se forma con hasta un 40% de mano de obra y materiales y el resto es costo de marketing, comercialización y venta. Innovación, que le dicen. Los brotes racistas y el temor al extranjero que les “roba” el trabajo, completan el combo de la victoria republicana. Algo parecido al brexit.

Parece curioso que Trump, quien hizo su fortuna en el sistema capitalista, reniegue de él. Parece mentira. A lo mejor fue mentira, para ganar ese voto frustrado.
Y si no lo fue, el congreso seguramente va a actuar como límite a medidas autoritarias y sobre todo a las que afecten la relación internacional de Estados Unidos, con compromisos ya contraídos y acuerdos firmados. Los demócratas no dejarán que anule todo eso.


En síntesis, el mantenimiento de la apertura estadounidense es uno de los factores importantes aunque no el único, claro está, para que Argentina produzca, exporte y genere trabajo y consumo genuinos y no artificiales. Eso si: no olvidemos que una mayor integración requiere mayor capacitación de nuestra gente, producto de las exigencias de la competencia. De nosotros (y no sólo de Trump) depende.

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