27 nov. 2016

¿Qué hacemos con el impuesto a las ganancias?


El impuesto a las ganancias tiene fama popular por diversas cuestiones. Cada fin de año, cuando se contempla la posibilidad de modificarlo por ley, los medios le dan primera plana.



Las opiniones en general suelen concentrarse en aspectos que evidencian la postura ideológica y la concepción sobre el tributo. Están los que se muestran a favor de cobrarlo a empresas, empresarios y grandes contribuyentes en general y excluir al salario como base para el cálculo del impuesto y posturas opuestas que argumentan que, si un empresario tiene ganancias y debe pagar, un empleado también debería hacerlo. Desde ambas partes tienen varios argumentos que consideran “justos” y algunos que podríamos llamar “racionales”.
Más allá de la discusión filosófica de si el salario es ganancia o no, deberíamos considerar algunos aspectos prácticos no ya del impuesto a las ganancias solamente, sino del sistema impositivo argentino en su totalidad.

El empresario argentino desarrolla su actividad en un ámbito con alta presión impositiva, lo que genera un alto costo de producción. Dicho costo se carga al precio final de los productos, haciéndolos más caros. Pero no caros solamente para el consumidor final. Los productos ya llegan caros al mayorista y luego al minorista, quienes solamente agregan su margen de ganancia y prácticamente no tienen injerencia en la fijación del precio del producto, que salió de fábrica “cargado” con impuestos y cargas sociales altas. Por supuesto, en el resto de la cadena, esto se potencia llegando a manos del consumidor final un producto cuyo precio tiene un altísimo componente impositivo por haber atravesado el circuito producción-distribución-venta.

Es aquí donde el consumidor, persona física, usted y yo, pagamos impuestos cuando compramos y luego, además, debemos pagar impuesto por nuestra ganancia.

Como si esto fuera poco, la liquidación del impuesto es complicada y poco clara para el contribuyente en general. Se le habla de mínimos no imponibles, deducciones permitidas, escalas y alícuotas. Más complicación: si es soltero tiene un mínimo y si es casado otro. Más: durante el año tiene que abonar anticipos a cuenta.

En un artículo reciente1, Eduardo Servente pide con lógica “algo más simple para ganancias”. Postula con razón que el sistema actual “ahuyenta las inversiones y promueve la economía en negro”. No se queda en la queja y propone simplificaciones similares a las aplicadas en otros países. Básicamente explora la posibilidad de descontar de los ingresos declarados todos los gastos realizados por la persona. Todos. De esa forma, concluye, el neto resultante de ingresos menos gastos sería realmente “ganancia” y además promovería la economía formal, ya que los descuentos deberían ser respaldados por factura.

La propuesta es interesante y sorprende por su simplicidad. Siendo conscientes del hecho de que el impuesto no desaparecerá en el corto plazo, debería adecuarse para ser más fácil de liquidar y de recaudar.

Estoy de acuerdo con un avance hacia la autodeterminación del impuesto. Los actuales sistemas “Nuestra parte” y “Aportes en línea” de AFIP avanzan en esa línea. En este sentido, la información que el fisco ya tiene de nuestros ingresos serían el punto de partida. Con respecto a los gastos, aquellos que se hayan efectuado por vía bancaria, con tarjetas de débito y crédito se descontarían automáticamente. Lo mismo con comisiones y gastos bancarios, cuotas de préstamos y pagos de impuestos inmobiliarios, automotor y otros. Esto, además de la practicidad, fomentaría el uso de medios bancarios o electrónicos con el consiguiente blanqueo de los importes facturados. Quedaría como responsabilidad del contribuyente ingresar al sistema otros gastos que se hayan abonado de contado, en la medida que conserve el comprobante y cuya deducción sea significativa en el monto final.
 Además, un mínimo no imponible actualizado anualmente según ídices salariales y de inflación, con escalas progresivas y divididas en varios tramos brindarían la posibilidad de comprender mejor el tributo. Por último, el pago de anticipos considero que debería ser opcional y contemplar un incentivo a modo de descuento para quien elija abonarlos. Nadie pagará “con gusto”, pero al menos considerará que paga “algo justo” (salió con rima).

Sólo un sistema más transparente permitirá adecuar y eventualmente bajar impuestos sin sacrificar en mayor medida la recaudación.

Ante lo desconocido o complicado, se impone la desconfianza que en este caso deriva en evasión.


1 http://www.libertadyprogresonline.org/2016/11/25/algo-mas-simple-para-ganancias/

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